lunes, 9 de septiembre de 2013

La amiga de mi amigo

Era la fiesta de Xavi, o de la hermana de Xavi, o seguramente la fiesta de la amiga de la hermana de Xavi, la verdad no lo recuerdo y eso no es lo importante. Por otro lado Xavi es uno de mis mejores amigos y alguna que otra vez, sin él saberlo, claro está, fue mi furtivo cuñado.

La fiesta era en un club campestre, corrían rios de cerveza y entrada la tarde llego Maritza, la amiga de mi amigo: Aunque para ser honestos, él me dijo que era la chica con la que salía. Cuando la ví no me llamó la atención, sólo para confirmar si efectivamente salía con Xavi o, como siempre ocurría, era sólo una amiga suya. Ella me confirmó mis sospechas y yo segui inundandome de cerveza, la cual poníamos en la piscina para que enfriara.

Luego de mucho hablar y mucha cerveza, como suele ocurrir, la comencé a ver atractiva, no era guapa, tampoco fea, pero tenía un cuerpo interesante. Salimos a bailar un par de salsas, yo ya estaba bastante alegre, si ustedes me entienden, y ella respondía favorablemente a mis bromas y mis lanzadas. Recordé entonces una de las más antiguas estrategias para ligarmela, el clásico beso desprevenido; total, lo peor que podía pasar es que me diga que no lo volviera a hacer.

El asunto es que mi amigo se molestó porque me besé a su "amiga" que supuestamente era la chica con la que salía, cosa que, como siempre, a mi me daban más ganas de bailar con Maritza, que a esas alturas estaba totalmente entregada a mi, pero que yo, por un poco de respeto a Xavi y evitar una probable riña, no aproveché como cualquier hombre que se precie de ello, a meter mano y mapear el cuerpo cálido y apetecible de Maritza.
 
Al no poder hacer de las mías, opté por pedirle el número de celular y prometerle, entre arrumacos y besos furtibos, que la llamaría al día siguiente.

La llamada no fue sino hasta una semana después, en la que, luego de la resaca y de pensar en frío las cosas, porque aunque un cazador pocas veces tiene escrúpulos, Xavi es uno de mis mejores amigos y, no es la primera vez que una chica que le gusta se me pone en medio del camino  -y seguramente no será la última-.

La llamé y la cité a un parque cercano a la oficina de un colega, al cual le pedí prestada su oficina, previa pasada por caja. Es así que llegamos a la oficina, nos pusimos lo más cómodos que pudimos, ella estaba muy nerviosa, se notaba en su mirada esquiva, su parquedad, yo sabía que tenía que llevarla despacio, porque si estaba allí era porque sabía lo que quería, o por lo menos suponía lo que pasaría. Compramos una cervezas para romper el hielo, hablamos de vanalidades y cuando tomé el necesario valor (entiendase cerveza) me arrojé como el león a la presa, ella no tuvo opción a reaccionar y cuando se dió cuenta que mi lengua estaba dentro de su boca, no pudo hecer nada más que seguirme la corriente.

Una cosa nos llevo a la otra, yo, para ser sincero, no pensaba que pasaría más allá de un beso, sé que no es una chica fácil, pero aún estaba tierna para saber lo que podemos hacer tipos como yo. Como dije, una cosa nos llevó a la otra, y no quiero pecar de indiscréto, además la mínima caballerosidad me impide redundar en detalles, pero he de decir que hacía tiempo que no me salía con la mía.

Después no la volví a llamar, le escribí un correo, el que lacónicamente me respondió que no tenía tiempo. Xavi tampoco sabe nada de eso, creo que están saliendo, pero el ni sospecha de lo que su amiga, la chica con la que dice que sale, se atrevió ha hacer en la oficina que le alquile a un amigo.


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